Nací en Santa Lucía de Tirajana, en el pueblo. Empecé en una escuela paga de El Valle, allí me enseñaron a leer, a sumar y a restar. Mi padre se llamaba Francisco López Quevedo y mi madre Josefa Ramírez Perera. Tengo siete hermanos y todos vivos. El más viejo, Pepe, tiene 90 años, después mi hermana Fela con 89, yo que tengo 87, Antonio 85, Fina 80, Fefa 77 y Paca 75. La profesión la heredé de mi padre y con ocho años empecé en la panadería. La tenía situada frente a la iglesia. Uno se cría con eso y es lo que le toca. Es una profesión dura, se duerme poco y se pasa muchísimo calor. El pan antes se hacía a mano y se horneaba con leña que a veces recogíamos y otras la comprábamos de la cumbre. También usábamos pinocha*. Con el paso del tiempo, pasamos a hacer funcionar el horno con combustible. Aquí en el pueblo, a día de hoy, aún queda una panadería que sigue trabajando con leña. El pan amasado a mano, el de puño, no tiene truco. Echas todos los ingredientes, lo amasas bien, lo sobas y a hornear. Al día podíamos hacer 3000 panes y, de cada hornada, salían 300. El horno era grande, como una habitación. El hornero era mi hermano mayor, Pepe. Estaba horas con la pala, metiendo y sacando pan. Mi hermano Antonio y yo lo repartíamos.La masa madre es más bien un cuento, es un trozo de masa del día anterior. Se guardaba un poco para el día siguiente y se mezclaba con harina, agua, levadura en pasta y sal. Para conseguir la harina teníamos que comprar el trigo, mondarle las piedras y llevarlo al molino. Aquí había nueve molinos de agua, casi siempre íbamos al molino de maestro Pedro, pero también estaba el de Eusebito y el de Pancho Araña. Tenían una cajita de madera con la que cogían la medida de harina que salía de la molienda y era la que te cobraba el molinero, al que no se le pagaba con dinero. A esa medida le decían la maquila**. Estaba fijo trabajando, me acostaba a las seis de la tarde y me levantaba a las once de la noche para empezar en la panadería y estar hasta las cuatro de la mañana haciendo pan. Me cambiaba de ropa y me iba a repartir. Bajábamos en los coches de hora (que eran amarillos y abiertos) hasta Vecindario y allí cogía una bicicleta y repartía por el Cruce de Sardina. Con el tiempo compramos un furgón, no recuerdo si era un Bedford o un Renault. Llegaba a mi casa a las nueve de la mañana, el tiempo que me quedaba lo dedicaba a la familia, a la finca y a los animales, así día tras día. También había que sacar tiempo para ir a La Sorrueda a coger hojas de palmera y quitarle una a una las láminas que la forman. Las usábamos para darle el corte*** al pan en la parte superior, al meterlo en el horno se quemaba y lo dejaba con la marca final hecha. Lo hacíamos todo a mano. Después, con el tiempo, se modernizaron las cosas y se empezaron a usar máquinas. Vecindario ha cambiado mucho, antes había cuatro casas en El Cruce, La Cerruda, El Doctoral y más nada. Piensa que, antiguamente, desde Agüimes hasta El Doctoral, eran todo tomateros. Había muy poca gente y pocas panaderías. Recuerdo algunas como la del “Machaca” (que es el padre del médico que está hoy en día), la de “Moreno” y unas pocas más. Con 18 años fui a trabajar a los tomateros. Había varias empresas: en el sur estaba Verdugo que tenía 400 mujeres trabajando, La Ciel tenía 600, los Betancores otras 400 y la Comunidad Quintana, que era donde yo trabajaba, tenía por lo menos 600 mujeres que venían desde Agüimes en camión. Mi función era plantar, regar, poner las cañas, etc. Por el muelle viejo de Arinaga entraban las varas de madera que se usaban en todas las tomateras. El barco se quedaba fuera del muelle y con una chalana las acercábamos, las recogíamos y las llevábamos a la finca. Esas varas, después, había que clavarlas, amarrarlas y ponerles las cañas en el centro. Los zocos de los tomateros también los hacíamos con cañas. Todavía se pueden ver algunos que se dejaron olvidados. Aquello era un trabajo duro, mucho esfuerzo, incluso regábamos de noche con un farol. Casi todos aquellos tomates se mandaban fuera y, ahora, fíjate que es al revés: aquí apenas se plantan y se traen de península. El problema es que la gente de hoy no quiere trabajar. Se plantaba una raza de tomates grandes, se cogían verdes, se metían en cajas y se llevaban al almacén. Allí los apartaban y los metían en seretos**** de 14kg con tapa. Se mandaban a Las Palmas y de ahí a Inglaterra. Al dejar las tomateras volví a la panadería y compaginaba ese trabajo con otro que tuve de carnicero. Las cosas de antes no son como las de ahora, eran distintas. En mi casa tenía una habitación en la que colocaba dos burras y un tablero y ahí despiezaba a los cochinos. Mataba los viernes y los sábados repartía la carne envolviéndola en hojas de ñamera*****. Con el tiempo, empecé a usar los cartuchos de papel donde venía la harina. Los cochinos los compraba en sitios diferentes, pero recuerdo una ocasión que fui a El Ingenio caminando a comprarlo. Volví a Santa Lucía con el animal y tardé más de una hora en llegar. Dejé la panadería a los 68 y la carnicería creo que unos años antes. Me jubilé y me he dedicado a plantar mis papas, a mis animalitos y, cuando las cabras me dan leche, a hacer queso. Mis hijos viven todos cerca y están pendientes de mí, vienen a verme, me traen la comida y siempre cae alguna golosina (risas), soy muy goloso. Trabajé muchísimo durante toda mi vida, el motor (en referencia a la cabeza) lo tengo más o menos bien para mi edad, pero las gomas (en referencia a las rodillas) están “jodias”. Yo no cambio Santa Lucía por nada del mundo, prefiero vivir aquí con mis tierras y mis animales que en cualquier otro lado. Tengo dos pisos en Vecindario que me dieron en una permuta por un terreno. Ni con todas las comodidades me iría a vivir allí. Creo que he visto esos pisos dos o tres veces en mi vida.


* Acumulación de hojas secas de pino que suele cubrir el suelo de los pinares.
**Maquila era la medida utilizada por el molinero para cobrar el precio de la molienda. Esta palabra viene del árabe makilah («medida»). Equivale a unos dos kilos y medio de grano.
***El objetivo del corte es el de facilitar la salida de gas carbónico del interior de la masa durante los primeros minutos de cocción.
**** Caja hecha de tablillas, de boca más ancha que el fondo, destinada a empaquetar fruta, principalmente tomates para la exportación .
***** Ñamera es una planta de la familia de las aráceas cuya raíz es el ñame.