Toda mi vida ha estado, de una forma u otra, relacionada con el mar. En mi casa siempre se ha respirado salitre, mi abuelo tenía barcos pesqueros y mi padre lo ayudaba. Siempre hemos tenido una gran conexión con el mar.
Con 16 años empecé en el buceo recreativo sacándome el título Open Water. A los 17 ya tenía el Dive Máster y llevaba gente en un centro de buceo que había en las Alcaravaneras que se llamaba Mar y Luz. Como buceador deportivo hice muchas inmersiones: Sardina (que para mí es el mejor de Gran Canaria), La Catedral o el pecio del Kalais, que ya no existe.
Al tiempo empecé a notar que buscaba algo más y mi siguiente paso fue ir a la Armada Española. Salieron plazas y me presenté a la Unidad de Buceo de Canarias. Allí hice el curso de Buceador Elemental (en la calle equivaldría a Técnico en Buceo de Media Profundidad) que es válido hasta 60 metros por lo militar y hasta 50 por lo civil. En la Marina estuve unos seis años. Era nadador de rescate y buzo, entrenaba mucho para casos reales, rescates de hombre al agua, recuperación de material del fondo como torpedos y, también, el mantenimiento de los buques militares.
En aquellos años, lo que más me marcó fue la caída al mar del helicóptero del SAR donde fallecieron dos compañeros. Tuvimos que ir a recoger partes del fuselaje que habían quedado en la superficie.
Quería dar un paso más, hacer cosas diferentes y probar suerte en la empresa privada. Entregué currículos y, justo un 31 de diciembre, me llamaron. Me pasé al buceo profesional civil. Ya dentro de la nueva empresa me fui a Barcelona a seguir formándome. Obtuve el título de Media Profundidad con Especialidades. Allí aprendí el manejo de la campana húmeda, de la campana seca y reforcé conocimientos que traía del Ejército como obras hidráulicas, corte soldadura o reflotamiento de buques.
En el sector privado llevo unos siete años. He hecho de casi todo, desde tener que reflotar el Fast Ferry que encalló en el Puerto de las Nieves (Agaete) hasta trabajos de inspección en Mauritania. Durante el trabajo ves todo tipo de animales, incluso tiburones martillo, que aquí en Canarias hay muchos.
El buceo hoy en día no es peligroso, ha cambiado mucho. Vas con el umbilical*, el casco, la botella y el neumo, que es una tubería que se usa para saber la profundidad del buzo y, en caso de emergencia, puedes meterlo dentro del casco y te pueden mandar aire desde arriba. Es súper seguro, si te ciñes a las normas que son muy estrictas, no hay ningún problema.
Antes no era tan seguro, trabajabas con unas gafas y un narguile, que es una manguera acoplada a un compresor que te lleva el aire a la zona de trabajo. En una ocasión me metí en la hélice de un barco para limpiarla, la máquina que estaba usando se enredó con el narguile y me dejó sin aire. Tuve que soltar todo, quitarme el cinto de plomos y salir hacia la superficie. En otra, un compañero sin darse cuenta, pisó la manguera con el coche, imagínate yo soltando el material y saliendo por un hueco estrecho de la hélice. Dependiendo del tamaño del barco, en el hueco donde se encuentran esas hélices, podrás girar sobre ti mismo y salir o tener que ir marcha atrás sin perder el control (risas). Esto que te cuento parece una situación súper peligrosa pero estás tan acostumbrado a estar en el agua que, cuando te ves en una situación así, lo haces de manera instintiva. Hoy en día, si por cualquier causa debes cortar el umbilical para salir, tienes una botella de 12 litros que es más que suficiente para llegar a la superficie.
El 90% de los trabajos se realizan en muelles y ahí es donde peor visibilidad tenemos, agua turbia y mucho fango. Imagina una plataforma petrolífera de 300 metros de eslora (largo) y 40 de manga (ancho). Los fondos planos hay que limpiarlos y, desde que empiezas a trabajar, la visibilidad es malísima, la luz casi ni entra y, en ocasiones, te puedes desorientar. Antes del umbilical, cuando ibas con botella, si se te acababa el aire y no sabías hacia donde tirar, no tenías referencia ninguna. Con botella estás totalmente solo. Si te da ansiedad o pierdes el control, puedes tener un problema. Ahora con el umbilical tienes comunicación, incluso puedes pedir que tiren de él para sacarte, aguanta perfectamente el peso de una persona.
Donde sí he tenido algún problemilla ha sido haciendo pesca submarina, otra de mis pasiones. Detrás de La Esfinge bajé unos 30 metros a pulmón, subiendo apuré mucho y vi que mi compañero estaba más arriba. De repente, me bajaron las palancas (risas). Lo siguiente fue verme en la superficie con mi compañero zarandeándome. Me explicó que había soltado el fusil y había dejado de aletear. Gracias a él estoy vivo. Normalmente puedo aguantar en apnea 2-3 min., pero apuré demasiado. Me tuvo que llevar a tierra y allí empecé a coger tino. Tardé varios días en recuperarme, con una sensación de estar volando; el cerebro desconectó y, seguramente, quemé varias neuronas (risas). Aún así sigo pescando. Es lo que me apasiona.
Ah, y antes que se me olvide, también cojo olas…, soy un hombre de mar (risas).

* Sistema de elementos flexibles con flotabilidad adecuada, que permite el suministro de mezcla respirable y servicios necesarios al buceador, como comunicación con en el exterior (audio y video).