Entré en la danza como la mayoría de las niñas. Mi madre veía que era muy inquieta y no paraba de bailar. ¡Era un show en casa! Con unos seis o siete años empecé en ballet como actividad extraescolar, me lo tomaba como un juego. Al poco tiempo y por medio de una amiga que se lo tomaba más en serio, me pasé a las clases de Carmen Robles y Anatol Yanowsky. El salto fue enorme porque con ellos las clases estaban enfocadas a hacerte una profesional de la danza. Veíamos a bailarinas de generaciones mayores y se notaba la rigurosidad en todo, desde las coreografías al trabajo diario, el vestuario…, todo era mucho más serio. Era una escuela de ballet en condiciones.
Carmen siempre fue mi profesora, es como una segunda madre para mí. Anatol nos daba clases de vez en cuando y para nosotras era toda una experiencia. Tenía sus compromisos con el carnaval, actos culturales, etc. Ambos son unos bailarines increíbles.
La exigencia era bastante grande y perdía momentos como fiestas de cumpleaños con amigos, pero hice una buena piña con la gente de ballet, tenía un buen grupo de amigas. También es verdad que no todos los cumples o fiestas eran los viernes y podía ir a alguna los sábados. Para mí valió la pena, sin duda alguna. Esta exigencia puede parecer bastante dura pero todo depende de la personalidad que tengas. Si eres muy exigente contigo mismo puede ser un poco peligroso, querer siempre llegar a la perfección te puede aislar, pero si tus padres lo gestionan bien y te ayudan a llegar a un equilibrio entre tu vida social y las clases de danza, no hay mayor problema. Yo tuve ese equilibrio.
Cuando llegas a la pubertad se puede decir que hay dos caminos. Uno es salir de fiesta con los amigos e intentar compensarlo, y el otro es no salir y perderte esa etapa de tu vida. Lo ideal es el punto medio. Si tienes el ensayo el sábado por la mañana, procuras no salir el viernes o irte pronto a casa. Es saber gestionarlo, está claro que con esa edad eres rebelde y quieres comerte el mundo. Pero ahí estaban mis padres con los que de vez en cuando tenía charlas. Carmen me ayudó mucho y nos dejaba claro que era un momento único y decisivo que teníamos que aprovechar para formarnos.
La persona que soy a día de hoy es gracias al ballet. Mi forma de ser, mi personalidad, mi forma de caminar y moverme, mi sentido de la estética, etc.
En mi vida personal ha habido tiempo para todo. Es complejo compaginarlo con tener pareja, pero el que lo quiera entender bien y el que no también. Es mi vida, es lo que me apasiona y la persona que esté a mi lado tiene que respetarlo y si no, es que no está hecho para mí.
La decisión de ponerme a estudiar pedagogía de la danza la tomé cuando vi que después de mi formación como bailarina no tenía ningún título que corroborara todo lo que había aprendido. Cuando tú entras en una compañía no hace falta un título, haces una prueba. Yo nunca he querido entrar en ninguna, creo que no me apasiona tanto la danza como para vivir exclusivamente de ella. Me gusta también la “vida común”. Es complicado de explicar, me gusta mucho pero a mi manera.
Entré en el Conservatorio Superior María de Ávila en Madrid y después de cuatro años me saqué el título. Es cierto que en España no se da importancia a la danza ni a nivel social, ni cultural. Estamos muy por debajo de países como Francia, Inglaterra, etc., pero hay salidas laborales. Ahora, por ejemplo, puedo optar a entrar como profesora en un conservatorio. También puedes escribir la danza, hacer análisis. En el trabajo final de estudio analicé la coreografía de Anatol: sus movimientos, música, vestuario, escenografía, significado…, el porqué de las cosas.
Ahora estoy en EEUU aprendiendo inglés y recibiendo clases en el Boston Ballet y en Harvard impartidas por Yuri Yanowsky.
Es una experiencia increíble, a todos los niveles. En pedagogía de la danza veo formas de dar las clases muy diferentes, y no solo por la técnica de baile americana, que es diferente a la europea. Ves ese lado más show, no tan limpio y te das cuenta de la variedad que existe.
Ahora, cuando termine, me gustaría hacer un máster de gestión de eventos culturales en Madrid. Estuve trabajando en el teatro Canal y vi todo desde dentro. Vi su funcionamiento y me di cuenta de que esa parte del mundo del teatro, cómo gestionarlo, me gusta mucho. Ya solo ir a trabajar ahí me encanta. Estas súper al día en cultura, ves toda la programación, etc. Espero que sea mi futuro profesional compaginado con dar clases.
La danza ha ocupado mi infancia, mi juventud, mis estudios y mi vida como adulta, todo ha girado alrededor de ella haciendo un camino para llegar a este punto.
La danza te puede llevar a cualquier lado.