La idea de crear un refresco surgió de mi hermano Octavio. Teníamos una churrería en Telde y la verdad que nos iba muy bien pero nos sobraba espacio en el local y pensó que sería una buena idea usarlo para hacer refrescos. Un amigo alemán vendía extractos de sabores y por ahí se abrió la primera puerta. En Alemania les gustaba un refresco menos dulce y aquí, en Canarias, lo contrario. A mí no me agradaba mucho el sabor naranja que tenía, así que estuve haciendo pruebas hasta que encontré el sabor que me gustaba.
En poco tiempo nos dimos cuenta que aquello no interesaba explotarlo en Telde, decidimos llevarlo a Las Palmas, a la gran ciudad. El sindicato que había en aquel entonces se llamaba “Sindicatos Amarillos”*, formado por los propios industriales. No me dejaron ir a Las Palmas porque hacía competencia a los que ya había: Iris, Nick y otro más que no recuerdo. Yo tenía una amistad muy bien relacionada en Madrid y le comenté lo que pasaba. Enseguida dieron la orden desde la península y nos permitieron abrir. Las amistades valen mucho (risas).
Empezamos en la calle Graciliano Afonso, en Ciudad Jardín. Cogimos parte del zaguán y el garaje de la casa familiar, que daba a la misma playa de Las Alcaravaneras, y montamos una pequeña fábrica. La llamábamos el submarino (risas), allí se lavaban las botellas, que en aquel entonces eran de 200 ml, usando cepillitos para limpiarlas una a una. Era un proceso totalmente manual. Recuerdo que cuando tuvimos todo listo salimos a darla a probar un día de reyes al Club Náutico ¡Fue un éxito total!
La idea de llamarlo Clipper fue cosa de mi hermano. Teníamos unos barquillos y nos gustaba mucho el mar.
Empezamos a fabricarlo en botella pequeña porque por aquel entonces no se conocía la botella de litro. Al principio se hacía poca cantidad. Las primeras botellas que venían eran de una empresa de Tenerife y los golletes** venían torcidos. Fue un desastre, no se podía aprovechar casi ninguna. Tuvimos que ir a comprarlas a Bilbao.
A los tres años de estar en las Alcaravaneras nos ofrecieron fabricar el 7UP. Lo probamos y nos gustó mucho. La fábrica que teníamos no estaba en condiciones y tuvimos que hacer una nueva. Nos fuimos a Escaleritas y esperamos a que nos dieran la rasante*** porque aquello era un solar plantado de tomateros y no había nada.
Montamos una fábrica en condiciones. De un proceso totalmente manual en las Alcaravaneras pasamos a uno totalmente industrializado. Recuerdo que la maquinaria se mandó a comprar a Bilbao.
Por aquel entonces había salido la película de Cantinflas “el siete machos”, como la gente no sabía nombrar bien el término inglés de Seven Up, empezaron a llamar al refresco “siete machos”. Con aquella anécdota las ventas aumentaron muchísimo.
Hicimos el Clipper de naranja, de fresa y uno de piña que no dio resultado. También hicimos el de limón, que realmente era de toronja. El limón se oxidaba muy rápido y no aguantaba demasiado en la botella.
Fueron años de mucho trabajo. En las fiestas del Pino teníamos que reforzar los turnos fabricando toda la noche para por la mañana mandar camiones y camiones llenos de refresco hacia Teror. El que más se vendía era el de naranja, el clásico.
La empresa era como una gran familia, los empleados no quisieron poner nunca ningún sindicato, ellos se arreglaban directamente con nosotros porque nos llevábamos todos muy bien. Incluso llegamos a comprar casas a algunos empleados: se la entregábamos y mes a mes le descontábamos la letra sin intereses de su sueldo.
Cuando vendí la fábrica mi hermano había fallecido y yo estaba cerca de la edad de jubilación. Lo hice con intención de disfrutar la vida. Se la vendí a Gonzalo Medina y Paco Alemán. A día de hoy la fábrica la lleva un hijo de Gonzalo.
Miro atrás y me siento orgulloso de haber creado un refresco tan popular en las islas, pero también me doy cuenta de que todo fue un golpe de suerte, aunque la suerte hay que saber aprovecharla.

* Se conoce como sindicato amarillo o sindicato vertical a aquellos sindicatos que, siendo creados o controlados por los empleadores, responden a los intereses de estos antes que a los de los trabajadores.

** Cuello estrecho de algunas vasijas o botellas.

*** La rasante es la cota de referencia a partir de la cual se miden las alturas de la edificación desde la vía pública.