“Un día camino al trabajo, a través del retrovisor, me vi dos bultos pequeñitos en el cuello y pensé que me había picado un bicho. Pasaban los días y seguían ahí, así que fui al médico de cabecera. Pensaron que eran los ganglios inflamados y me mandaron antibióticos, dos semanas después la cosa seguía igual.
Tuve la suerte que una médico residente me derivó al otorrino donde me hicieron pruebas, estuve como un mes con antibióticos, corticoides y probando cosas diferentes. En una de mis visitas al otorrino de casualidad me encontré con mi amigo Josema. Le debo la vida porque fue verme y él mismo me realizó una biopsia ya que no le gustaba la pinta que tenía aquel bulto. Yo llegué un viernes a hacerme esa biopsia y, sin haber llegado a mi casa, me llamaron y me dijeron que volviera cuanto antes que tenían que ingresarme. Me habían detectado un linfoma de Burkitt, éste puede surgir de un virus que muta y deriva en un cáncer, es una lotería. En este caso no había una causa – efecto.
Fue un shock, por la mañana estaba en el trabajo haciendo vida normal y por la tarde ya estaba ingresado, mínimo un mes. Un doctor se sentó conmigo y me comentó que tenía un 80% de probabilidad de superarlo y a eso me agarré. Hay dos formas de afrontarlo: o te deprimes o tiras adelante. Opté por lo segundo.
Explicarle a mis padres que tenía cáncer fue durísimo.
Me ingresaron en hematología, donde están las leucemias y ves a chicos con 16 años enfermos, llorando toda la noche, hechos polvo, aislados un mes. Ver eso me hizo pensar que era un jodido afortunado. Yo lo pasé mal, pero hay gente que lo pasa peor y agradecí enormemente la suerte que tuve.
Yo tuve cuatro ciclos de quimio, el primero fue un mes ingresado y el resto tres semanas. Descansaba en casa dos semanas entre ciclo y ciclo.
El primer ciclo fue el peor, perdí 11 kg, no podía apenas caminar. La quimio arrasa con todo. Había días que estaba con sesiones de 24h. Fiebres, náuseas, caída de pelo, edema pulmonar, pancolitis. Unos efectos secundarios terribles, sobreviví de milagro.
Hace poco hablaba con una amiga que había sufrido cáncer de mama y me decía que parecía que yo trivializaba el tema del cáncer, que yo lo veía y trataba como algo normal, le dije que había que verlo así. Respeto que la gente lo afronte de la manera que quiera y lo lleve en la intimidad, pero también se deben dar cuenta que aquí estamos de paso y hay que normalizarlo, desde mi punto de vista, es la mejor forma de llevarlo. Hay que sacar lo positivo de todo esto.
Si en algo cambió mi forma de ser fue en la manera de simplificar las cosas; a los que tengo a mi alrededor los empujo a que hagan cosas y que no se preocupen demasiado por los imprevistos que surgen, que tiren adelante, trasmitir un mensaje de positividad. Eso no quita que a veces yo también esté hecho una mierda, pero intento que cunda el mensaje positivo.
Al terminar todo el tratamiento empecé a ir a revisiones cada tres meses, escáner y análisis de sangre durante los dos primeros años. Después cada 6 meses y cuando llegas a los cinco años, que es mi caso, las revisiones son anuales.
Aunque estás tranquilo porque ves que la enfermedad ya ha remitido, cada vez que se acerca la fecha de revisión empiezas a darle vueltas al tema. Te remueve un poco.
Eso te ayuda a recordar por lo que pasaste y piensas: “no te compliques la vida, simplifica, tira adelante…”
Cada uno tiene su vaso de agua, a veces veo a amigos que se complican la vida preocupándose por chorradas, pero son sus chorradas y tengo que respetarlo. Desde fuera y con la experiencia que tengo pienso: “te estás complicando la vida por nada. Si quieres ver gente con problemas vete al hospital.” Todo es tan relativo, puedes ver el vaso medio lleno o medio vacío.
Yo viví en primera mano los recortes de la sanidad canaria, los que trabajan allí es increíble lo que hacen: enfermeras que les renovaban los contratos cada semana, una que venía con el dedo roto para que no la pararan, escasez de materiales y, aún así, siempre con una sonrisa en la cara. La calidad humana de esa gente, desde la limpiadora hasta el médico, es impresionante.
Debemos intentar en la medida de lo posible vivir tranquilos. La vida es sencilla y nosotros en ocasiones la complicamos. ¡Hay que sonreír más!
Vivir merece la pena”.