Nací en la antigua calle Fuego, en La Isleta, por encima de la Iglesia del Carmen. Vivíamos en las casillas de madera del Muelle Grande y mi abuela cerca de la Iglesia de La Luz. Mi madre me contaba que cuando era un niño me dieron por muerto y me amortajaron, me había dado una catalepsia. Gracias a Don Santiago, el médico, que vino y le dijo a mi madre que tuviera paciencia y me quitara todo aquello, que en un rato estaría bien. ¡Y menos mal!
Yo era muy malo; algunos amigos nos reuníamos antes de ir a misa, comprábamos alfileres de cabeza negra y, cuando las viejas se sentaban, les amarrábamos las mantillas unas con otras. Cuando se levantaban la escandalera y los chillidos llegaban a al calle. Hasta cachos de mantilla se dejaron atrás pegadas a los alfileres (risas). A veces llegaba a la iglesia con las manos manchadas de tierra y me las lavaba en el agua bendita, ¡era un diablo!
Con unos once años nos vinimos a Telde a trabajar en la playa de Bocabarranco. Está justo al lado de lo que es hoy el CC Las Terrazas, en la desembocadura del barranco de Telde. Yo era un chiquillo pero me hacían trabajar como un burro sacando broza y sisniendo* arena. Si tardaba alcanzaba más cachetadas que un piojo blanco (risas). El marido de mi hermana nos daba leña, era malo como un demonio.
En esa época vivíamos en una cueva, ¡las miserias que pasábamos! Recuerdo que me abrigaba con un cacho de saco, apenas tenía ropa y usábamos de cuchara cáscaras de mejillones. Si almorzabas, no cenabas y, si cenabas, no almorzabas. Más de una vez tuvimos que pedir y después por la noche ir a robar piñas** o coles para guisarlas y poder comer.
De ahí nos pasamos a un nido, un bunker de la guerra, en la orilla de la playa. Recuerdo que una vez se metió un reboso de mar y llenó el nido de agua hasta arriba; el agua se quedó empozada. Gracias que Juanito Severo nos dejó dormir en la cocina de su casa (era de piedra seca), y Rafaelita nos dio de comer.
Un día encontré en la playa el cadáver de una mujer. En aquella época aparecía mucha gente ahogada, había unas corrientes terribles. La peste del cuerpo no había quien la aguantara, tuve que tapar el cuerpo con unas hojas y, cuando llegó el mediodía con el calor, el olor era insoportable.
Yo no fui al colegio, nunca aprendí a leer ni a escribir. Cuando ya éramos adultos y trabajábamos en la playa sacando arena, el gobierno nos obligó a aprender a leer y a escribir a todos lo que trabajábamos allí. Cuando la cuadrilla terminaba de trabajar, íbamos con la libreta y el lápiz a La Pardilla, camino del colegio, pero como había algunos bares por el camino nos metíamos en el primero que veíamos y volvíamos a la playa borrachos (risas).
También trabajé en los camiones de estiércol cargando cestos enormes que se subían a hombro, terminábamos reventaos. Tantas cestas de mimbre se metían en el camión, tantas cestas se pagaban.
Un día fuimos al sanatorio, la casa de los locos, a recoger estiércol de su finca. Allí estaba uno desnudo, como dios lo trajo al mundo, dando gritos y chillidos; se formó un tumulto que si te metías a separar alcanzabas leña, por eso no quise arriesgarme, bastante tenía con lo mío ya (risas). Trabajaba de sol a sol y callaíto la boca.
Estuve en una fábrica de muebles en la calle Peregrina con Remedios, al lado del cine Monopol. Los dueños se llamaban Don Chano y Don Tomás. Yo me encargaba de repartir los muebles en un carrillo.
Iba a trabajar de Telde a Las Palmas caminando porque no había perras*** y de Las Palmas al Puerto, que era donde estaba mi familia, también.
Para volver cogíamos la guagua, pero muchas veces nos tocaba hacerlo caminando.
También trabajé en el Ayuntamiento de Las Palmas de barrendero. Nos reuníamos en el antiguo matadero, en el mercado de Vegueta, y de ahí salíamos a diferentes puntos de la ciudad. Era un trabajo que estaba muy bien pagado. Me supo mal dejarlo.
La mayor parte de mi vida la pasé trabajando en la granja de La Pardilla que era de los Rodríguez Guzmán. Mayormente cuidaba de los animales.
No todo iba a ser trabajar. En unos carnavales yo iba con un primo mío por la subida del Valle de los Nueve, antes de llegar al Lomo Magullo, estaba en un bar echando unos piscos**** y escuché una discusión en la calle, me asomé y nada más sacar la cabeza, ¡¡¡¡TRAN!!!! Me dieron tal cachetada que tuve que ir al dentista a sacarme una muela por novelero (risas).
Tuve una novia en Sardina del Sur y recuerdo que un día cogimos el pirata***** para ir a ver a su abuela. Me invitó a café y mientras lo preparaba me dijo: “ si sale como la madre vale más que te pegues un tiro” (risas). Me tomé el café y aquello era como serrín, algo raro tenía. Le dije a ella de marcharnos porque no me encontraba bien y, cuando estuve fuera de la casa, vomité. De camino los sudores me corrían por la frente, pensaba: “si llego a Telde es de milagro”. Vomité varias veces más, llegué a mi casa amarillo como la cera. Yo creo que aquella vieja me echó algo. Recordando las palabras de la abuela pensé: “¡vaya tiro que me diste en el estómago, coño su madre!”
En otra ocasión una de mis novias se había roto la pierna. Me dio la venada y me la eché a cuestas para bajarla del Risco San Nicolás e ir al cine. Viendo la película le puse la mano en la pierna y me la quitó, se enfadó. En el descanso me levanté y le dije que me iba. La llevé hasta mitad de camino y como ya no podía más y todavía me duraba el cabreo, la dejé allí.
Para resumir, toda la vida trabajando y mortificando (risas).

* sisniendo = cerniendo: separar lo grueso de lo fino haciéndola pasar a través de un cedazo o criba.

** piña: mazorca de maíz

*** La perra gorda era el nombre coloquial con el que se denominaba a la moneda española de 10 céntimos de peseta. Este nombre fue dado en alusión al extraño león (al que se confundía con un perro) que aparecía en el reverso, asimismo, se le llamaba perra chica a la moneda de iguales motivos en anverso y reverso con la mitad de peso, tamaño y valor (5 céntimos)

**** pisco: trago de alcohol (ron, whisky, etc.)

***** pirata: en la isla de Gran Canaria y Tenerife, coche que se dedicaba al transporte de personas entre los pueblos y la capital, pero que además recogía pasaje por el camino.

Fuentes: Wikipedia
www.academiacanarialengua.org