“Mis orígenes están en la calle Gordillo, en La Isleta. De joven era muy inquieto y hacía todo tipo de deportes: boxeaba, jugaba al fútbol, iba al bote de vela latina, incluso estuve con palomas mensajeras, pero a mí lo que me gustaba de verdad era el boxeo. Empecé a entrenar con nueve años, en el club Racing de la calle Tecén. Mi hermano fue mi maestro y el que me metió de lleno. El apodo de Palenke II viene por él, mi abuelo lo llamaba siempre Palenke I por lo flaco que era (risas).
Mi primer combate, que fue a modo de exhibición, fue contra Cesáreo Barrera, me sacaba 10 kg. Se celebró durante el rodaje de la película Moby Dick. Recuerdo perfectamente la ballena blanca, se hizo en los talleres de Lavasan donde hoy están las oficinas de Mapfre.
Con veinte años fui campeón de Canarias de peso pluma profesional. Me enfrenté contra el chicharrero José Antonio que fue campeón de España amateur. En Gran Canaria gané por KO en el tercer asalto y en Tenerife, peleando la revancha, lo tiré cuatro veces al suelo y, como la plaza de toros estaba hasta la bandera, el árbitro no paró el combate. Tenía que haberlo hecho a la tercera caída pero le cogió un poco de respeto a la situación y, para que no se le echara el público encima, al final me dio vencedor por puntos. Si no recuerdo mal, por haber quedado campeón me dieron cinco mil pesetas.
Peleé con muchos campeones de España, entre ellos José Bisbal, el padre del cantante David Bisbal. Combatimos en el Estadio Insular, recuerdo bien ese combate, le gané con una combinación: un croché de izquierda fuerte y después le metí el gancho.
Yo andaba fijo por la zona de Muelle Grande, en la barbería de Manolillo, donde solo se hablaba de boxeo y fútbol, allí te enterabas de todo. Recuerdo que se habló mucho de mi pelea con Duque y Antonio Viña apostó mucho dinero a favor mío. Al final gané, él se llevó un dineral y algo me dio (risas).
Yo no miraba mucho por el dinero, mis padres eran cambuyoneros y vivíamos bien. Yo tenía la comida asegurada. A mí sólo me interesaba boxear y ganar. El dinero no me importaba tanto.
En esa época, en Canarias, había grandísimos boxeadores. Para mí el mejor era el Chato Saavedra, pero habían otros como Lelo Suárez “El Ídolo del Puerto”, Juan Cesáreo Albornoz “Sombrita”, Carmelo García “Gancho”, Miguel Calderín “Kimbo”, Cesáreo Barrera “El Bombardero del Puerto” y muchos más. La grada curva del Estadio Insular se abarrotaba, eran otros tiempos y había más afición.
En el boxeo de antes yo veía más garra por conseguir la victoria, había esa enfermedad de lucha, no era tanto por el dinero, era más noble que ahora. Antes se llevaba todo el mundo bien. Peleábamos y después nos íbamos juntos por ahí a tomar algo como dos hermanos. Hoy también hay chavales así, pero no es lo normal.
Me retiré joven, con 22 años, mi hermano se fue a la selección y tuve que coger el puesto de preparador. Quería al boxeo, quería al deporte y por eso lo dejé tan joven. Estuve 21 años viajando como preparador con el equipo de Las Palmas.
Para llegar bien a una edad dedicándote al boxeo tienes que estar poco castigado. Los golpes en la cabeza hicieron que a muchos se les fuera el tino. Gracias a dios escapé (risas). También es verdad que gané muchos combates por KO y eso ayuda.
Ya han pasado 60 años y recuerdo todos los campeonatos como si fuera ayer.”