“Mi afición por los belenes empezó hace ya 21 años. Mi familia más cercana los montaba todos los años, creo que es de ahí de donde nace mi interés, aunque en mi casa solo poníamos el árbol. Recuerdo que en el colegio, cuando nos mandaban a pintar, yo siempre dibujaba un nacimiento, era lo que me gustaba. El primero que hice lo monté en mi casa, compré las figuritas con mis ahorros, quité todo lo que había en el salón y ocupé todo el espacio, unos quince metros cuadrados.
Invité a mis vecinos a verlo y, a raíz de ahí, vino más gente de la zona y la voz se fue propagando. Al año siguiente mi madre no me dejó hacerlo en casa porque las paredes se quedaron marrones de tanta tierra (risas) y las cortinas hechas un desastre. De mi casa pasé a un alpendre y, al tercer año, lo trasladé donde estoy ahora, que era un antiguo corral de vacas de 200 metros cuadrados.
Me gusta representar la historia del nacimiento de Jesús, los belenes hebreos, el original. Respeto otros estilos de belenes como el napolitano, el canario, etc., pero no me llaman la atención. Algunos belenes canarios muchas veces parecen más una romería que un nacimiento. Yo opto por la representación fidedigna de lo que en Belén aconteció.
Los materiales usados principalmente son el corcho blanco, las planchas de poliéster y la espuma de poliuretano. La técnica que estoy usando es la que he aprendido en estos tres últimos años de Pedro Armas y Julia González, maestros de maestros.
Los decorados, las casas, las calles, la vegetación, etc., lo hago yo. Las figuras son en su mayoría compradas y otras pintadas por mí. En un futuro quiero aprender a modelarlas porque eso ayuda a mostrar con más verosimilitud lo que quieres representar.
Esto es una pasión cara, el trabajo que hay aquí no está pago, los escenarios son cada año diferentes y pueden rondar los 5000 euros en materiales. Las figuras, que cada año aumentan, pueden valorarse a día de hoy en más de 30.000 euros.
Por aquí pasa tanta gente que montar el belén se está convirtiendo casi en una obligación. Siento un poco de presión, pero la verdad que si no lo hiciera faltaría algo en mi vida. En 2015 fueron 8875 personas, !casi nada¡
Es una dedicación completa, compaginarlo con la vida personal es complicado, si estuviera casado y con hijos sería muy difícil poder llevarlo a cabo.
Ya llevo unas semanas pensando en el diseño del año que viene y después tocará construirlo y montarlo. El nacimiento actual lo empecé en mayo y lo terminé en noviembre.
Suelo tenerlo expuesto desde la última semana de noviembre hasta el ocho de enero.
Las personas valoran mucho más este tipo de iniciativas que las instituciones, me animan continuamente a que siga cada año, aunque tengo que darle las gracias al Cabildo de Gran Canaria y al Ayuntamiento de Moya por las ayudas.
Por aquí pasa gente que lleva viniendo más de quince años, los he visto desde pequeñitos hasta ahora que son adultos.
Algunos lloran viendo el belén porque les hace recordar su infancia, recuerdos navideños, familiares…, los mayores reviven cosas de otra época como la labranza, la trilla, la alfarería. Es un tema bastante nostálgico. Estas cosas son las que me motivan para continuar año tras año.”