El amor por los animales me viene de familia, mi madre se crió en una granja y mi abuela siempre me contaba que lo único que le hacía sonreír de bebé, era cuando su padre le llevaba un lechón o un cabrito a la cuna (risas).
Empecé con los caballos a los 10 años, mi madre me apuntó a unas clases para aprender a montar, ella pensaba que sería un capricho pasajero pero fue algo que me cautivó, desde entonces no he dejado de estar unida a ellos. Mi primera yegua me la regalaron con 14 años, se llamaba Kala.
Me matriculé en la Facultad de Veterinaria en la Universidad de Las Palmas y los últimos 3 años hice prácticas con la que hoy en día es mi jefa, en la unidad de équidos de la ULPGC. Nos dedicamos a tratar caballos, burros y mulas. Lo normal es hacer visitas moviéndonos por la isla, realizando consultas.
Es un trabajo complejo para una mujer, sobre todo si eres una mujer joven que se dedica a grandes animales. Todavía queda algo de machismo, principalmente en zonas rurales.
Para dedicarte a los caballos lo principal es el manejo, si no lo tienes no hay nada que hacer, son animales muy grandes y en ocasiones un poco brutos.
Son súper nobles, si tratas a un caballo bien, tendrás un fiel compañero. Trátalo mal y tendrás un enemigo de por vida. Tienen una memoria increíble. Hay animales que se han acordado de mí antes que yo de ellos. Como veterinaria no le vas a hacer nada bueno, lo mínimo será pincharlo o desparasitarlo. He visto a alguno que nada más verme ha echado las orejas hacia atrás (risas).
Hace tiempo tuvimos que ir a asistir el parto de una yegua. La gestación dura 11 meses y sus dueños estaban convencidos que ya llevaba 12. Las inducciones a los partos son un poco complicadas pero decidimos hacerla, anteriormente yo había tenido otra experiencia similar durante las prácticas en la facultad y murieron madre e hijo. Por esa razón íbamos con un poco de miedo pero al final salió todo bien, fue un parto precioso.
Gran Parte de los problemas que sufren los caballos son debidos a la intervención del hombre. Hemos convertido un animal herbívoro en granívoro, el caballo es un animal con el estómago pequeño, necesita caminar y comer pocas cantidades muchas veces. Las manadas salvajes están todo el día caminando y pastando y nosotros los hemos metido en una cuadra y les hemos dividido las comidas, con suerte, en dos.
El mundo del caballo ya no es el que era, se ha devaluado mucho. He visto yeguadas de pura raza carísimas mandarlas al matadero por la crisis. En la peor época, entre 2008 y 2010, potros de pura raza que podrían costar alrededor de 3000 euros eran un lastre, salía muy caro mantenerlos y eran mandados a sacrificar.
Nosotros teníamos muchos clientes ligados a la construcción y, cuando estalló la burbuja inmobiliaria, promotores y constructores con muchos caballos acabaron regalándolos o malvendiéndolos, en Canarias se notó mucho. Esta situación poco a poco se está revirtiendo.
Me parecen seres maravillosos, espectaculares, han decidido dejarse domar y ayudarnos, ¿qué hubiera sido del avance de la humanidad sin su ayuda?