“Después de 20 años en el mundo de la comunicación desarrollando múltiples proyectos, decidí dar un giro de 180 grados a mi vida. A finales de 2012 monté un hotel con un concepto diferente, “La Casa de Vegueta”, intentando que el alojamiento fuera algo más allá de una estancia, que fuese una experiencia, promoviendo nuestro arte, la gastronomía local, la naturaleza, etc. Convertí lo que era mi oficina en un lugar donde hospedar a viajeros que llegaban a la ciudad. Me llamaron loca, me decían que cómo la gente se iba a quedar aquí teniendo Las Canteras o Maspalomas y el tiempo me ha dado la razón.
Al año y medio de abrir vino por el hotel David Sánchez Lanuza, había leído en el periódico lo que había hecho y quería que le hiciese algo igual en Ciudad Jardín, hoy es una realidad y se llama “Casa Mozart”. Gracias a él y a ese proyecto me fui a Sri Lanka tres meses, donde estoy a punto de culminar un complejo de ocho villas en un entorno idílico.
En éste y otros proyectos que tengo entre manos colaboro con Blanca Fajardo, quien, además de ser mi prima y compañera de viajes, es arquitecta. Entre las dos creamos todas las fases. Desde la idea hasta la obra de rehabilitación, incluyendo la decoración, el diseño de muebles, el equipamiento, la formación y las herramientas de venta y promoción del establecimiento ¡Diseñamos hasta el desayuno!
Es un concepto más cercano, más cálido. Básicamente es lo que intento trasmitir a la gente que me pide asesoramiento.
Mi vida ha cambiado en el uso del tiempo, los estímulos que surgen del contacto con los huéspedes, lo que te aportan, una visión nueva de todo lo que se mueve en el mundo.
Ya no estoy 10 horas delante del ordenador o con dos teléfonos, uno en cada oreja, ahora estoy pensando qué voy a poner en el desayuno. Mi vida se ha enriquecido: “all you need is less”.
Me gustaría seguir desarrollando proyectos de este tipo sin perder el trato directo con las personas que pasan por aquí, artistas, periodistas, libreros, economistas, antropólogos, etc. Para mí es un lujo recibir gente tan diversa, llegan como huéspedes y se van como amigos.
La tendencia es reducir todo a lo necesario. La gente quiere ir a lugares pequeños integrados en la naturaleza y con su gente, volver a los orígenes. Quien tenga una casa cueva o una finca, tiene la primera línea de playa de hace 20 años.
Hoy por hoy sigo comunicando, pero cara a cara.”