“Me dedico a la arquitectura sin ser arquitecto.

Soy de Lanzarote y allí la relación de la arquitectura con el paisaje es fundamental. La figura de César Manrique transciende sobre los que la habitan. Creo que es un punto de partida para entender mi decisión de formarme como arquitecto. Mis primeros años en Gran Canaria fueron un poco caóticos, sobre todo por el período de adaptación y formación. Asumí que tenía carencias respecto a algunos de mis compañeros en cuanto a cultura arquitectónica y me pasé los dos primeros años encerrado en la biblioteca, que es una de las mejores de España. Sentía que tenía que involucrarme con la carrera y quería participar en la educación que estábamos recibiendo, eso chocó con muchos profesores que venían de demasiados años sin tener ningún tipo de resistencia. No quería comenzar una lucha con ellos sino una andadura, lo que pasa que ellos nunca lo vieron así. Esto iba en contra de sus intereses y del “status quo” que tienen ahora mismo. Usan la universidad como una plataforma para resistir la crisis, ellos tienen sus estudios por fuera y la cosa no va igual que antes. En el inicio de esa andadura refundamos la delegación de estudiantes de arquitectura, fue cuando conocí desde dentro cómo se mueve y cómo funciona la universidad. Yo no soy de grises, soy de blancos o negros. Cuando comprobé que no comulgaba con la forma de operar de la universidad en muchos de sus aspectos, como la renuncia absoluta del rector por intentar hacer algo con arquitectura, me fui. Parecía que todos le tenían miedo a la Escuela de Arquitectura. Me di cuenta que había agotado mi discurso dentro de la Escuela. Era incapaz de adaptarme a lo que se requería de mí allí. A eso hay que sumarle que algunos profesores se obcecaron conmigo por mi discurso. En una ocasión le pregunté directamente a uno de ellos si iba a aprobar o no, me contestó que “con él no”, así que decidí irme. Trabajé en un estudio de arquitectura, LPA, con Juan Palop y Cristina Suárez. Fue una de las mejores épocas de mi vida, muy formativa. Me especialicé en sistemas de información geográfica, cuando terminé empecé a trabajar en GESPLAN y vi que el planeamiento era la parte que más me gustaba. A partir de ahí empecé a formarme de la mano de Ana Ruíz, que es una arquitecta de la Escuela de Sevilla. Ella vio que tenía inquietudes, que tenía ganas, yo preguntaba y ella contestaba. Comprendí que para trabajar en arquitectura no hacía falta ser arquitecto. Te hacía falta un arquitecto al lado para que le diera viabilidad jurídica al proyecto que tú estabas haciendo. Básicamente la firma. Históricamente ha ido sucediendo, los albañiles hacían sus casas y no existía la figura del arquitecto, la arquitectura surge de los maestros albañiles. Hay carencias en la formación de los arquitectos y, no por la gente, sino por culpa de la forma de implantarla. ¿Crees que es normal que las ingenierías se hayan desgajado en 17 especialidades o más y arquitectura sea una sola? ¿No han evolucionado los contenidos lo suficiente en este área como para que se pueda dividir en varias? Arquitectura ahora mismo está en la rama de las ingenieras y eso es un error porque tiene una formación artística indudable. En 2012, en plena crisis inmobiliaria, decido montar mi estudio, URBAN. Busqué y encontré gente que aportara al estudio: Natalia posee una sensibilidad artística que muy pocos tienen y Fabio un conocimiento del medio impresionante. Ambos son arquitectos titulados. El germen de URBAN se basa en la crisis que hay en la arquitectura, hay un exceso de conocimiento que no se puede asimilar en 5 ó 6 años de carrera, es imposible que salgas preparado en todas las disciplinas de la arquitectura. A día de hoy las grandes empresas buscan gente por sus aptitudes y no por su titulación, ésas son las personas de las que me gusta rodearme, que aporten y nutran al proyecto más allá de su titulación. Mi padre es albañil, diseñó mi casa en Lanzarote y muchas otras más y, te puedo asegurar, que es mejor arquitecto de viviendas unifamiliares que muchos titulados que conozco, a los que he visto cometer errores garrafales. Domina las áreas, los volúmenes, las luces… ¿Qué es la arquitectura sino eso? Mi padre no puede ejercer como arquitecto teniendo las aptitudes para ello, y me parece bien, al igual que me parece bien que yo no pueda ejercerla tampoco, pero si es verdad que yo de una manera u otra aporto a un estudio de arquitectura aptitudes que no tiene un arquitecto.
No voy a terminar arquitectura porque no va a aportar nada a lo que estoy haciendo ahora, suena soberbio decir esto pero, en esta Escuela no.”