“Tengo un compromiso con la música que pincho. Cuando uno compra música en vinilo adquiere una obligación de cuidado, de mantenimiento, de uso y de manejo. El vinilo te exige usarlo, manejarlo y cuidarlo de manera meticulosa y, a la hora de reproducirlo, tener cierto cuidado.
El nivel de exigencia es mayor que el de otros formatos, hay que estar atento al vinilo, a lo que pasa en cada momento, cualquier mota de polvo puede causar un desastre. La aguja debe estar bien balanceada, el plato nivelado, etc.
Lo mejor que tiene es el valor estético: el público ve las portadas, cómo los manipulas, cómo limpias los discos. Es mucho más que música, es una performance, un ritual, cosa que pinchando con un ordenador no existe, es un valor añadido. Llámalo romanticismo si quieres pero el ordenador me aburre, no me aporta, no me estimula mentalmente.
Una de sus mayores virtudes es a nivel de almacenamiento, si se hace de manera correcta puede durar incluso más que un CD, lo aguanta todo.
Los vinilos que se hacen hoy en día son de 180 gramos, son más gruesos y eso te da una mayor calidad de sonido. Hay más profundidad y como consecuencia existe un mayor registro de sonido.
Si pincho en vinilo es por mi, por mi compromiso, no por el cliente. Las sesiones las tengo que llevar programadas desde casa, cuando pinchas con CD puedes llevar unos 600 discos, con vinilo eso es algo inviable y no puedes atender todas las peticiones.
No entiendo mi vida sin música.”